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feb 15

Revisando la nota

En Masajes eroticos Barcelona nos encantan los relatos eróticos. Dan mucho juego y pueden suponer un punto de partida exquisito para una buena sesión de masaje. or eso, os dejamos con esta alumna capaz de cualquier cosa para aprobar un examen…

Estoy en mi cuarto año de medicina. Medicina es una carrera muy, muy complicada. Necesita muchísimas horas de estudio. Y, aun así,  hay veces que no puedes llegar al aprobado. En esos casos la impotencia y la  desesperación pueden llevarte a hacer cosas impensables. Eso me pasó a mí con  el último examen del cuatrimestre.

Era una asignatura de las más difíciles de la carrera. Llevaba preparando ese  examen desde casi el principio del cuatrimestre. Pero por desgracia para mí el examen no me salió demasiado bien. Me quedé muy chafada. Tantas horas de  estudio para nada. Miré mi nota días después y había sacado un 4’75. Joder, por qué poco no había llegado siquiera al aprobado.

Quería revisar mi examen, ver si podía sacar alguna decimilla perdida que me  permitiera aprobar. El profesor que lleva esa asignatura es una persona joven,  no tendrá más de 40 años y la verdad es que se le ve una persona que se cuida. Está muy delgado y, por lo que he intuido alguna vez, bastante musculado. En  definitiva, es un profesor de esos que da morbo.

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Llegué a la revisión y estaba sola con él en el despacho. Empecé a mirarlo  mientras el profesor me preguntaba que qué me había pasado en el examen. Él me  veía muy preparada en su asignatura y no entendía porque había sacado una nota tan bajita. Yo miraba y remiraba el examen sin poder rascar ninguna décima mientras el profesor se había apoyado a mi lado en la mesa, revisando el también el examen y haciéndome aclaraciones.

No había forma de llegar al cinco. Pero yo tenía que aprobar ese examen. Y  se me ocurrió flirtear con el profesor. No lo  había hecho nunca, la verdad, pero estaba desesperada. Así que situé mi mano en  su pierna mientras le explicaba lo mucho que había estudiado. Él se quedó un  poco sorprendido, pero no apartó la pierna. Gesto que interpreté yo como que no  le importaría que subiera mi mano hasta su miembro.

Y no le importó, no. Además, yo creo que la estaba esperando porque cuando le  toqué el paquete con mi mano su miembro estaba durísimo. Esto hizo que me  envalentonara aún más, así que ya sin dudarlo empecé a rozarle la polla por encima del pantalón mientras mi boca besaba su cuello. Sus gemidos iban en  aumento.

Yo estaba muy perra y ya no podía parar. Me arrodillé delante de él, le baje la  bragueta del pantalón para sacar su miembro erecto y comencé a comérsela como una posesa. Tenía una gran polla mi profesor, gorda y dura como una piedra. Su polla  entraba y salía de mi boca con muchísima rapidez mientras mi lengua lamía toda la base de su polla.

Estaba excitadísima. Y él también, pues gemía sin  parar. Y sin ningún miramiento por si nos oía alguien.

Acabamos follando como animales sobre su mesa. Tras haberle dado placer con mi boca, él se arrancó con unos masajes eroticos irresistibles. Deseaba desnudarme ya, y desnudarle, confirmar lo que de tu escultural cuerpo se intuía. Y menudo físico. Prácticamente le arranqué la ropa mientras él me agarraba por el culo y me levantaba hasta tirarme sobre su pupitre.

Ardíamos de fuego, nos devorábamos a besos y moriscos mientras nuestros cuerpos subían y bajaban al unísono en un movimiento casi rabioso.

Noté que estaba a punto de correrse y entonces paré de golpe. Quiero un cinco, le dije. Demasiado tarde para siquiera planteárselo, exhaló mientras explotaba en mi interior. En ese momento supe, que estaba aprobada.

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