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feb 24

El anuncio del placer

Cuando  leí el anuncio de www.enigmaescorts.com me decidí a contestarlo inmediatamente porque la foto de la mujer era espectacular. Estaba buenísima. El anuncio decía así:

“Me encanta que mi marido me mire haciendo sexo, por ese motivo busco un hombre mayor de 25 años muy bien dotado, con pene grande, para sexo delante de mi pareja.”

Eran de una provincia cercana a la mía y sabía, por experiencia, que esto más que un inconveniente era una ventaja. Contesté  el anuncio acompañando una foto de mi enorme polla, y diciéndole otros datos de  interés y que tenía sitio para el encuentro y disponibilidad todos los fines de semana y todas las noches.
Cuando ya no esperaba recibir respuesta, -más de una semana tardaron en contestar- recibí su contestación: Me pedían un número de teléfono y una hora a la que pudiesen llamarme, pues la mujer quería hablar conmigo. Le respondí y unos días después recibí su llamada
– Buenas noches, soy María, la chica del anuncio.
– Hola, buenas noches. – respondí.
Me preguntó a qué me dedicaba, cuál era mi estado civil, si podía enviarle una foto de cuerpo entero, vestido, en la que se viese la cara. Por último me preguntó  por mis cualidades en la cama y si podríamos hacerlo en mi casa.
Superé la  prueba porque un par de días después de enviarle la foto me llamó su marido para  concretar la cita y el lugar en el que nos encontraríamos.
Habíamos  quedado en la cafetería de un hotel a las ocho de la tarde pero a las siete y  media yo  ya estaba allí. Me senté en una mesa con buena visión de las dos entradas que  tenía la cafetería y esperé su llegada.
Un poco antes de las ocho me llamaron por teléfono para decirme que ya estaban llegando  pero que se retrasarían unos minutos. Llegaron a las ocho y cuarto. En cuanto  los vi entrar reconocí a la mujer que había visto en la foto del anuncio.
Calculé  que ella tendría entorno a los cuarenta años y él entorno a los cincuenta. Los dos vestían de sport pero elegantemente. Les hice una seña con el brazo y se acercaron sonrientes.
– Hola, ¿cómo estás?, disculpa el retraso. – dijo la mujer.
Se  sentaron, pidieron un café y comenzamos a charlar de mi ciudad. Era la mujer la  que llevaba la conversación, el marido apenas habló en todo el rato que estuvimos en la cafetería. Conocían de referencias la ciudad y me dijeron que querían ir a cenar a un restaurante muy bueno de las afueras. Afortunadamente dijeron que ellos pagarían todo.
Ellos se habían hospedado en el hotel y, como el restaurante estaba lejos, bajamos al garaje del hotel para
coger el coche. Cuando vi el coche, un BMW 730,  hice un comentario elogioso del coche y el marido de María
comenzó a hablarme de las características del coche: cilindrada, potencia, sistemas de seguridad y demás extras del coche.
– Le gustan más los coches que las mujeres. – dijo María con cierta sorna.
Durante la cena continuamos hablando de coches y en ningún momento se habló de sexo. Después estuvimos en dos pubs. María que había estado discreta durante la cena, en los pubs parecía otra persona y, aunque estuvo correcta, se mostró mucho más provocadora con su cuerpo (varias veces acercó su cuerpo al mío en presencia de su marido) y picarona en la conversación.
Al rededor de la una María propuso ir a mi apartamento.
El coche estaba en un aparcamiento subterráneo, cuando llegamos al coche, yo me puse en la puerta del copiloto, pues así le indicaba mejor el camino al marido, y María iba detrás sola. Antes de entrar al coche María me agarró el paquete y me dijo que estaba deseando probarlo. Su marido ni se inmutó.
Cuando llegamos a mi casa, ya en el ascensor, María volvió a meterme mano ahora durante más tiempo. Pasamos directamente a la habitación pues así lo quiso María, y ella desabrochó mi bragueta, sacó mi polla y después de mirarla durante unos segundos me dijo que le gustaba mucho.
María se desnudó y yo lo hice también. El marido se quedó de pie mirándonos. A continuación María se acercó, me acarició la polla y me dijo:
– Sólo quiero que me folles, no quiero besos ni que me chupes.
Se tumbó en la cama y abrió las piernas. Tenía el coño casi completamente depilado. Me puse en posición y se la metí hasta el fondo, ella me abrazó con fuerza y me dijo:

– Sin prisas, házmelo despacio.

Comencé a follarla muy lentamente y un minuto después María comenzó a gemir, poco después sus gemidos eran continuos y me pedía que le diese más fuerte. Seguí follándola al mismo ritmo pero empujando con más fuerza dentro de su coño y poco después nos corrimos los dos.
He vuelto a follar con María varias veces, algunas en presencia de su marido y otras solos, a escondidas de su marido. Cuando follamos a solas María se convierte en otra persona: es más activa y folla como una loca.
Un día me dijo que había sido su marido quien la había introducido en esto porque él tenía problemas de erección y quería que ella disfrutase del sexo. que había estado con más de diez chicos y que yo era el que más le gustaba.

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