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feb 17

Despedida de soltera

Una semana antes de casarme celebré, con mis amigas de Escorts Madrid Cleopatra, la despedida de soltera. Éramos cinco. Cenamos en un restaurante que conocíamos, en una habitación en la que sólo estábamos nosotras.

La cena, como todas estas cenas, fue una cena divertida en la que abundaron los chistes verdes, las preguntas indiscretas y la bebida. Acabamos la cena pasadas las doce de la noche y, según estaba previsto, cogimos los coches y nos fuimos a una discoteca de las afueras de la ciudad.

La discoteca estaba muy animada pues era viernes. Tuvimos suerte y encontramos una mesa libre, pedimos las bebidas al camarero y poco después estábamos todos en la pista de baile. Enseguida estábamos rodeados de chicos que querían bailar con nosotras.

Uno de los chicos me encantaba. Tendría cinco años más que yo, era fuerte, sin ser un musculitos, un poco más alto que yo, y muy atractivo. Yo también le debía de gustar porque siempre procuraba bailar conmigo. Bailaba muy bien. Yo también bailo muy bien y nos compenetrábamos muy bien en el baile.

Cada vez que tenía ocasión, él, se acercaba a mis tetas y tocaba mi culo, pero lo hacía con elegancia y yo le dejaba. Cuando regresamos a la mesa para descansar, los chicos nos acompañaron. Poco después ya estábamos de nuevo bailando. David, que así se llamaba mi acompañante, aprovechaba todas las ocasiones que el baile le permitía para acercarse a mí. En esto, empezó a sonar un bolero, David, me agarró por la cintura, me aproximó a su cuerpo y comenzamos a bailar. Noté su paquete duro en mi vientre. Sus brazos me apretaban con fuerza contra su cuerpo.

Miré a mí alrededor. No vi a mis amigas. David me dio un beso en la oreja, al tiempo que me apretaba contra su cintura, y mi cuerpo se estremeció. Yo no hice nada por retirarme.

No sé si afortunada o desgraciadamente, la siguiente canción había que bailarla separados. Entonces David, me propuso acercarme a la barra a pedir otras bebidas. Yo estaba sedienta y acepté. Mientras nos atendía David, me piropeó y me pidió el teléfono para salir un día. Le dije que era mi despedida de soltera.

Despedida de soltera

David se quedó un poco cortado y dijo:

– Ya me parecía a mí que una chica como tú no tuviese novio.

Nos reímos un rato. Trajeron las bebidas y nos quedamos en la barra mientras las bebíamos. David me contaba no sé qué. Mi sexo estaba completamente empapado, preparado para su función natural. Acabamos las bebidas, le dije a David, que tenía que ir al servicio y él se ofreció a acompañarme. La puerta de los servicios estaba separada de la zona del público por una celosía. Cuando llegamos, David, me agarró por la cintura y me besó. Yo le correspondí con pasión, sin pensar lo que hacía. Supongo que mi reacción fue debido a la bebida. Cuando nos separamos, David me dijo:

– Déjame pasar contigo al servicio.

– ¡Estás loco. Nos pueden ver! – le dije, sin pensar lo que decía.

Entré en el servicio. Al bajarme las bragas pude observar que efectivamente estaba muy excitada y que mi sexo, estaba deseando tragarse un buen pene. Pensé en lo que me había propuesto David y sentí que mi vagina se movía. Me limpié, me arreglé y salí de los servicios. David me esperaba a la salida. Volvió a besarme y me dijo:

– ¿Lo has pensado?

– No lo he pensado porque es una locura. -le dije.

– ¿Esta noche se permiten las locuras? – me dijo David.

No le respondí y nos dirigimos a la pista de baile. Nos unimos al grupo y bailamos como si nada hubiera pasado. Mis amigas propusieron descansar un poco y regresamos a la mesa. Mientras mis amigas charlaban animadamente, yo pensaba en lo que me había dicho David. Mi cabeza me decía que era una locura y mi sexo que me follase a David. Desde luego, nada de follar en el servicio, si acaso en el coche, pensé.

Mis amigas dijeron de volver a bailar. Nos levantamos todos. Cuando nos dirigíamos a la pista de baile, David, me agarró por el brazo y me desvió del camino. Los demás no se dieron cuenta, porque iban delante de nosotros. Seguí a David, sin saber lo que quería. Salimos de la discoteca.

– ¿Qué haces? – le pregunté. No me respondió. Él me tenía agarrada por la mano, yo le seguía sin oponer resistencia, hacia el aparcamiento. No había nadie que nos pudiese ver, entonces, me arrimó a un coche, nos abrazamos y empezamos a besarnos como locos. Pronto sus manos estaban en mis tetas, y poco después debajo de mi falda. Yo estaba entregada. Él abrió el coche, y nos metimos en la parte de atrás, yo me tumbé en el asiento, él subió mi falda y me quitó las bragas, yo abrí mis piernas. Vi como se bajaba los pantalones y el slip, no había mucha luz y no puede verle la polla, pero en cuanto la acercó a mi raja y empezó a entrar, me di cuenta que era mucho mayor que la de mi novio. Suspiré al sentirla entrar, llenando mi vagina. David, empezó a moverse con rapidez, dándome fuertes embestidas, le dije que fuese más despacio, pues de este modo se correría enseguida, pero no me hizo caso y efectivamente se corrió un minuto después. Yo me había quedado con más ganas que al principio, así que le dije que se retirase, y mientras me masturbaba le mamé su polla hasta que me corrí.

Regresamos a la discoteca, ellos todavía bailaban. Nos preguntaron dónde nos habíamos metido y le dijimos que me había mareado un poco y que había salido a la calle.

Esto, que es absolutamente real, ocurrió hace cinco años y todavía hoy lo recuerdo como si hubiese sido ayer.

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